Blog · 14 de octubre de 2026
Las emociones no se gestionan: se transitan
Nos han vendido que hay que «gestionar» las emociones, como si pudiéramos decidir cómo sentirnos en cada momento. Mi propuesta es otra: transitarlas.
Hace poco escribí una entrada sobre la psicología aplicada a los deportes de contacto y eso me hizo reflexionar sobre un tema muy presente en ese ámbito, pero transversal a toda práctica deportiva: la llamada «gestión emocional».
Los propios psicólogos, entre otros, hemos extendido mucho esta idea de que hay que gestionar las emociones. Pero ¿a qué nos referimos exactamente? Gestionar significa administrar, realizar los trámites necesarios para resolver un asunto… La idea suena muy bien a priori: si soy capaz de administrar mis emociones, de decidir cómo quiero sentirme en cada momento (ahora un poquito más enfadado, ahora un poco más contento), ¿qué problema hay? Esto ha favorecido que, tanto en población profesional como, sobre todo, en la población general, se extienda una idea ciertamente peligrosa: que si me siento disconforme o incómodo es porque no soy capaz de gestionar suficientemente bien. Incluso en esta página yo mismo he utilizado esa terminología, por ser la más cercana al conocimiento general.
Pero ¿son las emociones algo que pueda gestionarse?
La realidad es que el contexto que nos rodea (lo que nos pasa, cómo nos tratan, las condiciones físicas e incluso ambientales del entorno) modula en gran medida las emociones que sentimos, y muchas de esas cosas escapan a nuestro control directo. Además, las emociones cumplen una función evolutiva y social fundamental. Si alguien me trata mal y me enfado, esa emoción me está mandando un mensaje. Si estoy nervioso antes de un momento clave, como hablamos en el primer artículo, esos nervios también me están diciendo algo. Es más: a veces no solo nos lanzan un mensaje, sino que generan la energía y el empujón necesarios para lanzarnos a actuar. Entonces, si no hay que controlar las emociones, ¿cuál es el papel del psicólogo?
Las emociones no son algo que debamos gestionar o controlar, sino algo que debemos transitar.
Transitar las emociones significa, en primer lugar, darte el tiempo y el lugar para sentir y ser capaz de identificar esas señales; y, en segundo lugar, tomarlas como un factor más que no tiene por qué determinar cómo actúo.
Un ejemplo en la pista
Imaginemos que soy un jugador profesional de baloncesto y estoy jugando el final ajustado de un partido clave para mi equipo. Un rival ataca cerca de mí y el árbitro me pita una falta que, bajo mi criterio, no ha sido. De manera casi automática, esta situación genera en mí una emoción (enfado o frustración), y con esa emoción puedo intentar hacer cosas distintas.
1. Intento «gestionarla»: eliminarla, buscar la manera de dejar de sentirme así inmediatamente. Esto me puede llevar a soluciones disfuncionales, como «descargarme» protestando o quejándome, o a soluciones más comedidas, como alejarme, salirme del partido u obligarme a pensar en otra cosa. Algunos de estos recursos pueden ser útiles en un momento puntual, más aún en el deporte, donde el tiempo es un bien escaso y cada instante puede ser clave. Pero todas estas estrategias comparten un problema: colocan la emoción en el centro de mi actividad. Dejo de hacer lo que quiero hacer y empiezo a hacer lo que necesito para aliviar la emoción incómoda.
2. O bien la transito: el jugador está efectivamente frustrado por una decisión que le parece injusta, se toma su tiempo para identificar esa emoción y la encaja en el resto de cosas que están sucediendo en el partido. Sigue frustrado, pero también está cansado, atento a quién tira los tiros libres y a quién debe bloquear, habla con su compañero sobre el siguiente ataque… Identifica su emoción y la transita sin tratar de resolverla y sin colocarla en el centro: es una cosa más de las que están pasando.
Este segundo enfoque, cuando se entrena y se trabaja de la manera correcta, permite algo muy potente en el mundo del deporte, mucho más que la supuesta «gestión»: vivir el mar de emociones que es cualquier situación de rendimiento sin que esa corriente nos arrastre, y de manera que seamos nosotros quienes lleven el timón la mayor parte del tiempo.
¿Las emociones te arrastran cuando compites?
Transitarlas también se entrena. Cuéntame qué te pasa y vemos cómo trabajarlo.