Movistar Riders me contrató para ayudar a su equipo de Counter-Strike: Global Offensive a consolidarse en el siguiente nivel. Después de unos resultados prometedores en torneos internacionales de primer nivel, como el 5-0 en ESL Pro League de Düsseldorf, el equipo no era capaz de encontrar la consistencia, sufriendo derrotas duras en otros torneos, por debajo del nivel esperado.
Talento había. Lo que faltaba era consistencia.
Mi intervención se enfocó desde ese momento en propiciar esa ansiada consistencia. Para ello promoví la inclusión de una serie de rutinas dentro de las dinámicas del equipo, comenzando por las rutinas precompetitivas antes de los partidos oficiales: ejercicios de activación fisiológica y psicomotriz que complementaban los calentamientos dentro del juego, necesarios para encontrar sensaciones y ganar en comodidad y confianza.
Poco a poco fui desarrollando estas rutinas, añadiendo ejercicios de respiración, visualizaciones enfocadas en momentos clave del rendimiento dentro del torneo, rutinas de viaje, de alimentación y de sueño... hasta que conseguimos tener elaborado y mecanizado todo un sistema que les permitía rendir al máximo de sus capacidades, optimizando su rendimiento fisiológico y psicológico cuando más importa: en la competición.

Un sistema entero, mecanizado, para rendir cuando más importa.
Gracias a estas intervenciones, y al trabajo de los jugadores y del resto del staff, fuimos generando progresivamente la consistencia que buscábamos. Los momentos más álgidos: la primera victoria de un equipo español en un torneo internacional de CS:GO de la historia, la ESL Challenger Valencia 2022, ganando a Outsiders en una final que quedó grabada en la mente de todo el que asistió; y el top 4 en IEM Cologne, uno de los torneos más prestigiosos del mundo, demostrando por primera vez que un equipo español podía competir de tú a tú con los mejores clubes del planeta. De aquella época habló también Esportmaniacos en este artículo.

Esta historia demuestra cómo la psicología puede tener un impacto crucial en la consistencia del rendimiento deportivo: eleva el suelo competitivo de jugadores y equipos, sienta unas bases sólidas sobre las que alcanzar los objetivos, y protege de la inconsistencia y la desconfianza que genera el vaivén de resultados inherente a la competición, especialmente en el alto nivel.
