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Blog · 2 de septiembre de 2026

Las 4 patas del rendimiento deportivo

Físico, técnico, táctico y psicológico. Todo el mundo entrena las tres primeras desde pequeño. La cuarta, en muchos casos, no llega nunca.

El rendimiento es uno de esos temas de los que todo el mundo opina. Tenemos naturalizado estar viendo un partido de fútbol comentando que los jugadores están «fuera de forma», ver un partido de baloncesto diciendo que tal equipo «no defiende nada», o que un tenista X sería el mejor del mundo si «tuviese la cabeza en su sitio». Como aficionado es comprensible opinar desde este análisis superficial, pero como profesionales del rendimiento o competidores debemos exigirnos ir varios pasos más allá.

Las 4 patas del rendimiento deportivo

01

Físico

Se corresponde con todas aquellas capacidades corporales propias, como la fuerza, la velocidad, la resistencia o la flexibilidad.

02

Técnico

Se refiere a la destreza y capacidad de ejecución de los movimientos y gestos propios del deporte que se practica.

03

Táctico

Hablamos de la capacidad de toma de decisiones y entendimiento del juego en su conjunto, teniendo en cuenta compañeros y rivales si los hay.

04

Psicológico

La habilidad para mantener la concentración, el nivel de activación, la confianza y nuestras emociones y pensamientos a un nivel óptimo para el rendimiento.

Estas 4 dimensiones son fundamentales para entender el rendimiento deportivo y es crucial trabajarlas todas a buen nivel, de manera que no se produzcan desequilibrios llamativos como los que se mencionan de manera coloquial en el primer párrafo. Lo que nos encontramos en la práctica deportiva real, sin embargo, es bien diferente: a lo largo de las etapas formativas estas patas distribuyen su peso de forma diferente tratando de favorecer el desarrollo de los deportistas. En etapas formativas iniciales se favorece fundamentalmente el desarrollo técnico y, poco a poco, la táctica y el físico van ganando peso en las planificaciones de trabajo de los entrenadores conforme los deportistas van cumpliendo años. Lo cual nos lleva de forma ineludible a la pregunta:

¿Y la preparación psicológica cuándo entra?

Pues la realidad es que, en muchos casos, tristemente no llega nunca. Las habilidades psicológicas son sistemáticamente relegadas a un segundo plano, probablemente por falta de formación específica por parte de los cuerpos técnicos, lo que termina por dejar al azar el desarrollo de los deportistas en este aspecto. Es esto lo que provoca que sea prácticamente impensable encontrar a un jugador senior que lleve jugando a baloncesto desde minibasket y no sepa botar, pero sea frecuente encontrar a jugadores incapaces de controlar sus emociones, que protestan llegando a ser sancionados de manera recurrente o cuyos nervios les juegan malas pasadas en los partidos, incluso en el entorno profesional.

La solución pasa por dos vías

La primera es dejar de ver lo psicológico como innato o propio de la persona. Igual que no tendría sentido decir de una persona que levanta 30 kilos en press de banca que ese es su peso «porque es así» y que nunca va a poder mover más, tampoco tiene sentido pensar que un niño de 10 años que tiene dificultades para concentrarse en los partidos está condenado a tener este problema toda su vida. Las capacidades psicológicas se entrenan, como todas las demás patas del rendimiento deportivo.

Las capacidades psicológicas se entrenan, como todas las demás patas del rendimiento deportivo.

La segunda pasa por contar con profesionales de la psicología deportiva en los staff de los clubes en etapas formativas. Si bien un profesional permanente con solo un equipo de categorías inferiores probablemente sería poco eficiente, contar con un referente para varios equipos puede suponer una figura de apoyo y asesoramiento continuo y fundamental para los entrenadores que trabajan día a día con los jóvenes deportistas. Además, puede ejercer un papel proactivo participando en las planificaciones deportivas para que incluyan actividades e incluso ejercicios específicos que busquen mejorar las capacidades psicológicas. Por último, un psicólogo deportivo formado tiene los recursos suficientes para lidiar con los casos especialmente difíciles que pueden presentarse en estas etapas iniciales, sean de comportamiento de los deportistas, de rendimiento o del trato con las familias, descargando de estas responsabilidades a los ya por lo general sobrecargados entrenadores.

¿Tu club entrena la cuarta pata?

Trabajo con clubes y entrenadores para que lo psicológico no se quede al azar. Cuéntame cómo lo tenéis montado.

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